Aprendamos de la ansiedad

 


Uno de los problemas más común a la hora de conocer nuestra ansiedad, es la cantidad de mitos que hay en torno a ella, fruto del desconocimiento general y el tabú que existe aún, ese secretismo de  las personas que han padecido ansiedad, por miedo a ser juzgadas ya que la incomprensión favorece más el empeoramiento de la situación que su mejora.

Otro de los factores a tener en cuenta, es como casi todos creen tener una idea sobre lo que es la ansiedad, y quizás no sea tan errónea su visión, no obstante, sigue siendo simplista y no aborda la complejidad y globalidad de lo que implica la ansiedad.

Muchas personas pueden reconocer que están sintiendo ansiedad en estados iniciales, siempre y cuando estén estos síntomas relacionados con su concepto de ansiedad. Es decir, si crees que la ansiedad son palpitaciones, dificultad para dormir, crisis de pánico, solo creerás tenerla y pondrás solución si se manifiesta así. No obstante, la ansiedad, es multifacética, te puede mostrar muchas caras y muchos síntomas, algunos sutiles que cuesta reconocer, pero que están actuando en ti, sobre tu cuerpo y haciéndote perder calidad de vida sin que te des cuenta.

Cuando pese a tus conocimientos te ves en una etapa de ansiedad generalizada, donde los síntomas no son ni por asomo los que tú sabías, controlabas y trabajabas, la cosa cambia. Es entonces cuando ves lo limitado del concepto de ansiedad que tenemos hoy día, lo poco que sabemos de ella y lo mucho que nos queda por aprender.

Esta última parte, es quizás un punto importante, nos queda mucho por aprender, siempre y cuando se eliminen los tabús y juicios acerca de la salud mental. Conocer implica recoger datos, saber como y cuando afecta la ansiedad, sus implicaciones, pero la persona con ansiedad en muchas ocasiones está destinada a vivir su proceso de recuperación apoyada solamente por su contexto más íntimo, porque es curioso que las personas con su buena intención e ignorancia de la diversidad de facetas de la ansiedad, suelen dar consejos que pueden ser tóxicos para la persona que lo está padeciendo en ese momento.

Nuestra sociedad tiene un grave problema, ha creado un modelo de vida basado en generar exigencia y ansiedad de forma permanente. Pocas personas pueden escapar de él, y se ven afectados de forma directa o indirecta, de en mayor o menor medida.

Si bien es cierto que hay una ansiedad considerada normal o niveles manejables, y que la mayor parte de la población la tiene, la cara b, de esta realidad, es que el incremento de los síntomas y malestares, está creciendo de manera exponencial.

No todo depende del contexto en el que vivimos, si no también de la actitud hacia la recuperación. Existe la cultura de la “pastilla”, como obra y milagro para quitar la ansiedad, sin que haya ningún trabajo de cambio de hábitos que te producen ansiedad, transformación de creencias, etc. La “pastilla”, como ayuda en casos extremos son complementos a un tratamiento por parte de un profesional de la salud mental. No existen milagros, existen los cambios. Sin embargo, muchas personas están convencidas de que solo necesitan apagar de manera temporal los síntomas y lo demás llega después, de nuevo una visión simplista de como funciona la ansiedad y como nos habla.

El aspecto quizás más curioso, es el cambio de chip, la ansiedad no viene para jodernos la vida, viene para decirnos que tus hábitos, tus formas de gestionar aquello que es incontrolable, te está haciendo daño. Y para saber cuales son, necesitas pasar un tiempo mirándola cara a cara, conociéndola y comprendiéndola. Es una forma complementaria en tratamientos para poder evitar que se repitan estos procesos cada año, o cada dos o tres años. Eso sí, implica mucho trabajo personal, psicológico, educativo y físico. Solo así el efecto será transformador.

 

Prólogo de mi próximo libro. Al abrir la caja del te, había ansiedad. 2022

 

 

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